Grupo Metafísico de las Islas Canarias (ARTÍCULOS)

— BIOGRAFÍAS METAFÍSICAS —
ALICE A. BAILEY
(Inglaterra, 1880-1949)
Reseña biográfica
"Por sus frutos los conoceréis." (Mateo 7:16)
 
Alice A. Bailey (Inglaterra, 1880-1949)
   Es para mí un placer y un honor presentar esta microbiografía de la señora Alice Bailey, una persona con mucha valentía y una fuerza de carácter increíble. Tuvo contacto directo con los
Maestros Ascendidos desde los quince años. Discípula del Maestro Koot Hoomi, trabajó con Él durante muchos años al igual que con El Tibetano, y era uno de los discípulos avanzados de Su grupo (o Ashrama).

   Alice Bailey nació el 16 de junio de 1880, en la ciudad de
Manchester, Inglaterra. Hija de Fréderic Foster La trobe-Baterman y de Alice Hollinshead; los dos pertenecían a una estirpe bastante antigua, varios siglos antes de las cruzadas. Su infancia la pasó entre grandes mansiones y su familia era famosa por su belleza. A pesar de todo esto tenía un motivo para ser desdichada: no era querida por su padre, la consideraba poco agraciada, la más torpe y la menos inteligente. Tenía una hermana, a la cual tenía un profundo afecto pero que no era correspondido.

   Su educación se basó en la rigidez de la época
Victoriana, pero a la vez fue muy buena, siempre en manos de tutores. Su orientación espiritual tuvo su causa en la influencia de una tía suya, Margaret Maxwel, quien de su familia fue la que más la quiso.

   Su madre murió cuando ella tenía seis años de edad, lo que acrecentó el desamor de su padre hacia ella. Se llegó a sentir muy desafortunada, pensaba que nadie la quería y que la vida no valía la pena vivirla. Ella misma reconocía que todo se le presentaba difícil por su carácter tan antipático; a excepción de dos o tres personas, las demás eran poco queridas por ella. Creía que la gente que no pensase como ella no tendría salvación, pues fue educada bajo el Cristianismo más estricto. Con el tiempo pasó de creer en el
Cristo según sus creencias cristianas y ortodoxas a la comprensión del Cristo Cósmico —Lord Maitreya—, como ella misma lo definiera, “El Maestro de Maestros”.

   Lejos de su mente estaba lo que le iba a ocurrir; es el ejemplo perfecto de que lo externo siempre nos engaña, pues en los planos internos ya estaba llevándose a cabo su trabajo, de alguna forma.

   Por esta razón el Maestro un día se le presentó en persona; ella tenía entonces quince años, una niñita todavía. Era domingo, por la mañana, todos habían ido a la iglesia, sólo estaban los criados. Alice estaba en el salón leyendo cuando —en palabras de la propia Alice— «…se abrió la puerta y entra un hombre alto, vestido a la europea y un turbante que le cubría la cabeza, se sienta junto a mí. Quedé petrificada al ver el turbante y no atiné a decir palabra, ni preguntar a qué venía; comenzó a hablar. Me dijo que yo debía realizar un Trabajo en el Mundo y que ello implicaba cambiar considerablemente mi disposición, pues tenía que dejar de ser una criatura desagradable y obtener cierta medida de autocontrol. Mi futuro servicio para Él y para el Mundo dependía de cómo me manejara y de los cambios que llegara a efectuar. Me dijo que se podía lograr un verdadero auto-control, que confiara en mí, y agregó que yo viajaría por todo el mundo y visitaría muchos países para realizar el trabajo de un Maestro.
»

   Desde entonces esas palabras resuenan en mis oídos. Recalcó que todo dependía de mí, de lo que pudiera y quisiera hacer de inmediato. El
Maestro agregó que estaría en contacto conmigo a intervalos durante varios años.

   Pensó que se estaba volviendo loca o que se había quedado dormida y soñaba. Sin embargo, desde entonces comenzó a controlar su carácter. Se volvió dulce y virtuosa, tanto que su familia creyó que se había puesto enferma.

   En el año 1915 descubrió quién era aquel Ser que la había visitado, y que otras personas también Le conocían. Sus relaciones llegaron a ser tan cercanas que en el año 1940 podía entrar en contacto con Él a voluntad. Sólo cuando se va a llevar a cabo un trabajo de verdadera urgencia e importancia es que se puede tener este tipo de contacto con el
Maestro.

   Con veintidós añitos, Alice era una jovencita que no estaba conforme con lo que el mundo le ofrecía; siempre mantenía el sentimiento de que existía algo mejor, algo que le diera el verdadero sentido a su vida.

   No pudo presumir de buena salud, solía padecer de jaquecas, pero lo peor eran los temores que de esto derivaba. Un médico destacado la ayudó respecto a su salud aliviándole a la vez sus miedos. Durante toda su vida el temor tuvo un papel destacado, ella nos dice lo siguiente al respecto: «…siempre sentí temor a la oscuridad, he temido el fracaso, a tener defectos y temo a que la gente me considere superior; no hay que avergonzarse de sentir temor, el temor no se combate. Con frecuencia cuanto más evolucionada y sensible es una persona, mayores son sus temores.»

   Se casa en el año 1910 con el clérigo
Walter Evans y muy pronto descubre el mal carácter de su marido. Alice tiene que acostumbrarse a hacer cosas que nunca había hecho: a lavar, coser, preparar la comida, etc. De este matrimonio nacen tres hijas: Dorothy, Mildred y Ellison. Desde el nacimiento de Dorothy, la mayor, el carácter de Walter empeora y ella vive constantemente atemorizada. En su último embarazo sufre un ataque de él que la hace caer por las escaleras. Se difunde entonces la idea de que su esposo no está en sus cabales y al poco es ingresado en una clínica psiquiátrica en San Francisco.

   En el año 1915 ve por última vez a su marido y llegan tiempos difíciles para ella y sus hijas. Se pone a trabajar en una factoría de sardinas para sacar adelante la familia, fueron momentos de mucha desilusión incluso a nivel espiritual.

   En el año 1916 conoció a dos discípulas de H.P.B., que la introducen en la enseñanza espiritual. En 1918 ingresa en la
Sociedad Teosófica, mudándose para ello a Hollywood. Al llegar allí se sorprende al ver la foto del que fuera su visitante cuando tenía quince años, fue así cómo supo que era un Maestro de Sabiduría y que se llamaba Koot Hoomi.

   Decide obtener el divorcio de Walter Evans por el año 1918 y tiempo más tarde conoce al abogado
Foster Bailey, el que sería su segundo esposo. Ella decía que hay cosas que al expresarlas pierden su significado; su amor con el Sr. Foster era una de ellas. Él fue su fortaleza y su refugio, le aportaba todo lo que ella podía desear.

   Establece contacto con el
Maestro El Tibetano, por primera vez, en el año 1919, en California, EE.UU. Ese día salió a dar un paseo por la colina y estando sentada, reflexionando, escucha una clara nota musical desde el cielo, que resuena dentro de ella y a la vez una voz que le dice: «Deberán escribirse ciertos libros para el público. Tú puedes escribirlos ¿lo harás?»

   Después de varios intentos por parte del Maestro, Alice comienza a escribir los dos primeros capítulos del libro "Iniciación humana y solar".

   Comenzó a dar conferencias en el año 1921; era algo que le encantaba. Decía que nunca se ponía nerviosa delante del público, sobre esto dijo: «Un auditorio es para mí simplemente una persona agradable.»

   Establece
La Escuela Arcana junto a su marido Foster Bailey, en el año 1923, con pocos conocimientos, tan sólo el deseo de servir. Entre 1925 y 1930 dicha escuela vivió momentos de dificultades, alegrías, adaptación para poder estabilizarse y quedar establecida. Recibe en el año 1932, un comunicado de El Tibetano con el titulo de El Nuevo Grupo de Servidores del Mundo, a los cuales les movía un potente deseo altruista de servir a nuestros semejantes, unido a un sentido definido de orientación espiritual. Los señores Foster colaboraron en distribuir comunicados y además llevar a cabo sugerencias y requerimientos de El Tibetano. Bajo sugerencia del Maestro organizan el movimiento de La Buena Voluntad, con centros repartidos en 19 países. Ésto se llevó a cabo entre los años 1933 a 1939.

   Alice escribió un total de veinticuatro libros en colaboración con
El Tibetano, libros como: "La Luz del Alma", "De Belén al Calvario", "El Discipulado en la Nueva Era", "Tratado sobre los Siete Rayos", etc.

   Desencarnó el 15 de diciembre de 1949, en el hospital de
New York, y hasta el último momento recibió visitas e hizo reuniones. Poco antes de morir dijo: «He vivido una vida rica y plena; innumerables personas en todo el mundo han sido buenas conmigo.» Su propio Maestro Koot Hoomi, a la hora de su muerte, vino a buscarla, como le había prometido.

   Sólo me queda dar las gracias de corazón a la señora Alice Bailey, por su Servicio y Amor a la humanidad, ¡Gracias!

 

María Jesús Pérez
 

 
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