VIAJES METAFÍSICOS POR

EGIPTO

 

Título: VIAJES METAFÍSICOS POR EGIPTO
ISBN: 84-89808-04-X
Editorial: G.M.I.C. Ediciones, España.
Fecha de publicación: Mayo, 1997
Notas: Vol. 5 de la serie Viajes Metafísicos. Con 16 fotos, mapas y varios gráficos.

 

A través de las páginas de esta fascinante obra de Juan Carlos García, el lector podrá realizar un mágico viaje por el país misterioso por excelencia, Egipto.

Su lenguaje ameno y esclarecedor, nos permite adentrarnos en el entendimiento espiritual de muchos de sus mitos y símbolos. Así, gracias a su  estilo pedagógico y accesible, podemos estudiar las dinastías de los faraones y la Teología egipcia, con no sólo una magnífica descripción de cada uno de los dioses, sino también de su simbología espiritual y metafísica, incluso en relación con los mitos originarios de otros países, tales como Grecia y la India.

Partiendo de la actualidad egipcia, el autor comparte con el lector las experiencias vividas durante su viaje por Egipto, permitiéndole así descubrir con él, cuánto de enigmático perdura aún allí.

Dirigidos por sus descripciones, visitaremos El Cairo, enriquecidos con las experiencias vividas en esta ciudad por otros buscadores de la verdad tiempo atrás, tales como Leadbeater y Blavatsky. Igualmente, nos adentraremos en la Gran Pirámide para descubrir algunos de los secretos que guarda, a través de las vivencias e investigaciones del autor; y nos situaremos frente a la Esfinge para conocer algunos de los hechos acaecidos a sus pies.

El Valle de los Reyes es un capítulo especialmente interesante. En él se relatan los sorprendentes hechos allí transcurridos y que permitieron develar algunos de sus secretos, así como las emocionantes vivencias del famoso escritor inglés Paul Brunton.

Karnak, el Templo de Horus, Kom Ombo, el Templo de Isis y Abu Simbel, son descritos, recorridos y estudiados con dedicado esmero a la vez que con una profunda reverencia, que el autor permite compartir a través de la descripción de sus propias impresiones y reflexiones.

Concluye este libro con dos magníficos capítulos que relatan, el primero, la historia de Akhenaton, revelándolo como una figura de gran influencia en el desarrollo espiritual de los egipcios; y el paso de la Sagrada Familia por Egipto, el segundo.

Completan esta obra, un amplio set de fotos que permiten visualizar los principales Templos y Monumentos visitados.

La lectura de este libro es todo un regalo para el crecimiento no sólo intelectual sino más bien espiritual de cualquier persona. Cada párrafo puede convertirse en un descubriendo increíble y la lectura es simplemente una sucesión de maravillosas sorpresas. 

 

 

INDICE GENERAL DE LA OBRA

 

Capítulo IEgipto en la Actualidad, Capítulo IIEl Antiguo Egipto, Capítulo IIILas Dinastías Egipcias, Capítulo IVLas Teologías Egipcias, Capítulo V – El Cairo, Capítulo VIEl Museo de El Cairo, Capítulo VIILa Gran Pirámide, Capítulo VIIILa Esfinge, Capítulo IX  El Valle de los Reyes, Capítulo X  Karnak, Capítulo XI  Luxor, Capítulo XII  El Templo de Horus, Capítulo XIIIKom Ombo, Capítulo XIVAsuán, Capítulo XVEl Templo de la Madre Isis, Capítulo XVIAbu Simbel, Capítulo XVIIAkhenatón, Capítulo XVIIILa Sagrada Familia en Egipto

 


Capítulo VII

La Gran Pirámide

«El mundo le teme al tiempo, pero el tiempo le teme a las pirámides».

 

La Gran Pirámide o «la Luz», como así la llamaban los antiguos egipcios, tiene treinta veces la masa del edificio Empire State de Nueva York. Posee 137 metros de altura y 230 de lado; aunque en la antigüedad medía 146 metros de alto y 232 de lado. Esta diferencia de dimensiones se debe a que con el paso del tiempo muchos de sus bloques, y en especial el recubrimiento de piedra caliza pulida que le daba un aspecto completamente liso y brillante, han sido desmontados para edificar las casas de El Cairo y otras construcciones. Tiene unos 7.800.000 metros cúbicos de piedra y pesa 6.580.600 toneladas. Considerada por los antiguos como la primera y más grande de las Siete Maravillas del Mundo; hoy en día la única en pie.

Mucho se ha escrito sobre este gigantesco edificio a lo largo de este siglo. Numerosas y, en su mayoría, catastróficas profecías han circulado por el mundo producto de la observación de varios especialistas que han pasado años estudiándolo, pero ninguna o casi ninguna de esas profecías se ha cumplido, pues la Gran Pirámide no es un centro de adivinación del futuro, así como tampoco lo es ese magnífico libro de Hermes (Thoth) llamado El Tarot. Su verdadera naturaleza refleja algo superior, algo que está actualmente fuera del dominio público, pero que, poco a poco, a medida que avanza la luz de la Nueva Era, se irá develando.

Subimos por los angostos pasadizos que llevan hasta la gran galería. Una grata sensación de relajación y amplitud me invadió por completo. Es el mismo tipo de sentimiento que se tiene cuando uno atraviesa la puerta abocinada de una gran iglesia gótica para dar a la nave central que se eleva majestuosamente simbolizando la entrada al reino de los cielos y la comunión con la Divinidad. No hay ningún tipo de decoración o escritura en ninguna se sus paredes, techo o suelo. A mi mente afluyó la ocasión que tuve de estar en el monasterio de Yuste, en España, en el cual pasara sus últimos años el emperador Carlos V, lleno de austeridad y paz.

Seguimos avanzando y, al llegar al final de la galería, nos tuvimos que agachar nuevamente por unos cuantos metros antes de entrar en la Cámara Superior (llamada Cámara del Rey). Algo familiar en la disposición de todo aquello rondaba mi memoria haciéndome buscar rápidamente las imágenes de vivencias olvidadas. Recordé, entonces, haber hecho exactamente los mismos movimientos de agacharme y erguirme varias veces al entrar en el Santo Sepulcro, en Jerusalem. ¡La disposición del Santo Sepulcro y de la Cámara Superior de la Gran Pirámide eran la misma! ¿Sería ese mítico lugar donde el cuerpo del Cristo fue depositado un centro de Iniciación al igual que lo fue —y lo sigue siendo— la Gran Pirámide? ¿La aparente muerte que sobrevenía a los Iniciados cuando eran depositados, tras largas pruebas, en el sarcófago rememorando la leyenda de Osiris, sería la misma que la que le sobrevino al Iniciado que desde la cruz del Gólgota pronunció el mantram que le liberó de sus ataduras físicas? Sí, gritaba voz en pecho mi sentido común. Efectivamente era lo mismo; el mismo proceso iniciático; el mismo resultado: la Iluminación.

Me senté en la losa que se encuentra al lado del sarcófago de granito negro sin tapa a poner en orden todas las ideas que fluían sin parar en mi cerebro. Era la misma piedra en la que tantos se han sentado persiguiendo lo mismo que yo. No pude concentrarme en ninguna cosa ni por un solo instante. Vacié entonces mi mente y desalojé de mi cerebro todo resquicio de conocimiento. Sólo un pensamiento quedó inamovible, firmemente sujeto en lo más profundo de mi ser; el pensamiento en la Presencia YO SOY. Un señor alto, de barba y vestido todo de blanco entró, y se acercó hasta una de las esquinas de la Cámara. Con la cara hacia la pared, comenzó a cantar un resonante OM que llenó rápidamente la sala e hizo silenciar las demás voces. Otra persona que le acompañaba, desde el ángulo contiguo, también entonó el OM sagrado de la misma manera. Yo me sentí impulsado a hacerlo también, y por un momento los tres estábamos unidos cantando la sílaba sagrada. En el Yo Soy todos somos Uno. No puedo describir exactamente lo que sentí en aquel momento, pero sí puedo decir que las barreras del idioma, la nacionalidad, y todas las demás separaciones cayeron irremediablemente frente al hecho indiscutible de la identidad del Ser, que sobresalía como una sola columna que apunta hacia arriba en el desierto del mundo.

El aire estaba enrarecido con un magnetismo especial que parecía flotar en forma de nubes etéricas. ¿O más bien deberíamos decir que dicho magnetismo estaba enrarecido con aire?

Antiguamente, el discípulo que había pasado por largas pruebas de valor, humildad, sabiduría y amor era traído aquí con el objetivo de que venciera al último y más grande de los enemigos: la muerte. Un alto sacerdote lo depositaba en el sarcófago de piedra pronunciando ciertos mantrams, entonces su cuerpo se volvía inerte, el brillo de sus pupilas se marchitaba, y a la ignorante visión del mundo moría irremediablemente. Quedaba de esta manera libre en su cuerpo astral y se le hacía pasar por diversas pruebas. Su cordón plateado permanecía, sin embargo, atado al rígido cuerpo físico, asegurándole su inminente resurrección en el mundo de la forma. Tras el período de prueba, el cual podía durar varios días, el alto sacerdote atraía nuevamente el cuerpo astral del discípulo hasta su cuerpo físico, enlazándolo. El rígido cuerpo, entonces, cobraba lentamente su elasticidad y las pupilas empezaban a brillar tenuemente. El Iniciado ya no era el mismo. Había vivido y concientizado el hecho de que la muerte no existe. Se había identificado con Osiris, cuando fue nuevamente compuesto por su esposa Isis resucitándolo así a la vida. Sabría que nunca moriría, que viviría por siempre, pero no pensaba en que su cuerpo físico sería inmortal, no. Su seguridad descansaba en el hecho de que era un Ser, una partícula de Dios, una Chispa Divina inmortal que se reencarnaba para adquirir experiencias e identificarse con las Cualidades Divinas que empezarían a fluir perfeccionando su mundo.

Pasé largo tiempo observando detenidamente toda aquella sala de Iniciación, que en cierto momento histórico guardó la famosa Arca de la Alianza y otros objetos de incalculable valor espiritual. Me asombraba la exactitud con que fueron cortadas y adosadas las grandes piedras que la componen. La pirámide no fue construida por esclavos como piensan muchos, sino que fue el trabajo de las fuerzas de la naturaleza sabiamente canalizadas por los grandes sacerdotes iniciados que vinieron de la Atlántida 210.000 años atrás. Las piedras eran cortadas y extraídas con energía etérica directamente de las canteras. Luego era anulada en ellas la fuerza de gravedad, haciéndolas tan ligeras y transportables como plumas. Una vez escogido el lugar que ocuparían en la construcción se restituía nuevamente la gravedad en ellas, quedando firmemente sujeta a las demás piedras.

Toda la Gran Pirámide fue construida de adentro hacia fuera, de la misma manera que el ser humano cuando nace en cada reencarnación; el Átomo Permanente del cuerpo físico se halla en el ápice izquierdo del corazón, a cuyo derredor se van colocando magnéticamente el resto de los átomos que lo conformarán por completo. Es así que la Gran Pirámide es un microcosmos. Por esta razón es que tantos científicos e investigadores de indudable reputación se han devanado el cerebro al ver que midiendo sus diferentes pasillos, cámaras, fosos, etc., coinciden todas las cifras resultantes con las dimensiones del planeta Tierra, y si siguieran estudiando y profundizando se darían cuenta, con muchísima mayor sorpresa, que sus medidas también coinciden con las del Sistema Solar y el propio Universo. Pero el estudiante espiritual, que tiene como mayor premisa conocerse a sí mismo, no cavila tanto en relacionar el gran edificio con la Tierra o el mismo Universo, sino más bien con el ser humano, pues todas las dimensiones y medidas de este gigante pétreo son una radiografía espiritual del hombre. Explicaremos mejor esto.

En la cuadrada y desértica meseta de Giza, a unos cuantos kilómetros de El Cairo, se levantan las tres pirámides más famosas de la historia. La más pequeña de ellas, llamada Pirámide de Mikerinos, como se puede ver en la Figura No. 3, sólo tiene una cámara y ésta se halla enterrada unos cuantos metros bajo tierra. Esta Pirámide simboliza la personalidad. Sus cuatro lados son los cuatro vehículos inferiores (cuerpos físico, etérico, astral y mental inferior). La cámara subterránea son las ideas sumergidas en la materialidad, que de por sí es seca y estéril como las arenas del desierto. Representa al individuo cuyo mundo está lleno de materialidad y para el que, a sus ojos, el mundo espiritual permanece cerrado y desapercibido. Es un aspecto más profundo y cosmogónico representa el momento en que el Tercer Logos crea la materia donde se desarrollarán las Chispas Divinas, así como también el momento en que dichas Chispas evolucionaron en los reinos mineral, vegetal y animal, todo antes de la individualización.

A continuación tenemos la segunda pirámide en tamaño. Se trata de la denominada por los arqueólogos como Pirámide de Kefrén. Ésta, como se puede ver en la misma figura, posee dos cámaras: una subterránea, sincretizando la pirámide anterior y representando igualmente la personalidad; y otra superior, representando el Cristo Interno, que va a ser la Conciencia intermediaria entre la Divinidad y la personalidad. En el aspecto cosmogónico representa la actuación del Segundo Logos cuando insufla de energía la materia creada por el Primero, así como también el momento de la Individualización, en el que salimos de un alma grupal animal para entrar en contacto más directo e íntimo con la Divinidad dentro de nosotros.

Por último, tenemos la Gran Pirámide o Pirámide de Keops, así denominada por los arqueólogos. Ésta, como también puede verse en la Figura No. 3, posee tres cámaras. La primera es subterránea, sincretizando la primera pirámide y la primera cámara de la segunda pirámide. Es la personalidad. La segunda cámara se eleva por encima de la primera y posee un techo triangular, sincretizando así la segunda cámara de la segunda pirámide, o sea, el Cristo Interno. La tercera cámara, llamada la Gran Cámara o Cámara Superior —también denominada Cámara del Rey por los arqueólogos—, se eleva por encima de la anterior y representa la Divinidad dentro de cada ser humano, la Presencia YO SOY. A nivel cosmogónico representa la acción del Primer Logos cuando impulsa a todas las Chispas Divinas a unificarse con sus respectivas personalidades ya puras y perfectas, o sea la Quinta Gran Iniciación, la Ascensión.

Los pasadizos que se encuentran interconectando las diferentes cámaras de la Gran Pirámide representan los momentos de desarrollo evolutivo por el que pasa todo ser humano para unirse a su Presencia YO SOY, una vez que su vida se orienta hacia el Sendero Espiritual. Por ejemplo, tanto el pasadizo ascendente que va desde la segunda cámara y que conecta con la gran galería, como ésta misma y la pequeña antecámara representan el período que transcurre entre la Primera Gran Iniciación y la Quinta.

Todos estos símbolos antes descritos hablaban silenciosamente a los antiguos Iniciados. Personajes como Pitágoras, Jámblico, Platón, Licurgo, Píndalo, Sófocles, Tales de Mileto, Solón, Plutarco, Cicerón, Apuleyo, Eudoxio, Apolonio de Tiana, Heráclito, Proclo, Moisés y tantos otros mucho antes que ellos, y mucho después también, recibieron en esta tierra sus iniciaciones en los Misterios. Hoy en día la oportunidad de entrar en sus grandes misterios sigue vigente para todo sincero buscador.


Capítulo XV

El Templo de la Madre Isis

«Yo Soy lo que fue, lo que es, y lo que será, y ningún hombre ha levantado el velo que cubre mi Divinidad ante los ojos de los mortales».

Inscripción encontrada en el Templo de Sais

 

Una pequeña embarcación que tomamos cerca de Asuán nos acercó hasta la hermosa y pacífica isla de Philae. El recorrido es relamente acogedor y va uno como al encuentro con su madre. Una sensación de familiaridad envuelve toda la zona, en cuya región etérica se encuentra el Templo de la Madre Isis, actual Logos Solar del Universo de Alfa y Omega, labor que desempeña junto a Osiris, quien también tiene su Retiro Etérico en la sagrada tierra de Egipto, específicamente en Abidos.

El silencio impregna cada rincón del templo y sus alrededores de tal manera que obliga al recogimiento. A pesar de haber sido trasladado en 1980 unos quinientos metros de distancia desde su emplazamiento original hasta la cercana isla de Agilkia debido a su inminente inundación por la construcción de la presa de Asuán, conserva todavía la misma radiación que en su tiempo, ya que las elevadas vibraciones de su Retiro inundan toda la zona y no solo las ruinas actuales. Sus pilones de entrada son los que están mejor conservados de todo Egipto, aunque muchas de sus imágenes grabadas fueron desfiguradas durante diferentes ataques religiosos. Medhat nos dijo que el obelisco encontrado aquí, al lado de los pilones, sirvió a Jean-François Champollion para descifrar, junto con la piedra Rosetta, la escritura jeroglífica. Cuando se decidió trasladar este obelisco a Inglaterra, el barco que lo transportaba naufragó frente a las costas de Cartagena, en España, perdiéndose irremediablemente en el fondo marino. ¡Oh mar, cuántos misterios ocultas en tu seno emulando la inexpugnable faz de la Isis velada!

Impresiona mucho al llegar y ver una hermosísima y monumental avenida de columnas a lado y lado de una gran plaza que desemboca en la entrada del templo. Inevitablemente recordé las maravillosas columnas levantadas por Bernini que rodean la Plaza de San Pedro a la entrada de El Vaticano simulando los gigantescos brazos de la madre iglesia abrazando a sus fieles. ¿Sería este último una reminiscencia, un luminoso reflejo, del primero? La sensación de Fe aquí era de la misma índole que la que sentí cuando estuve en El Vaticano. Entonces vi que éste era el verdadero corazón de Egipto, el lugar de sostenimiento de la Fe durante milenios y milenios. Por ello, esta isla-corazón se encuentra bombeando esa sagrada energía espiritual desde el propio Nilo, tomando como vehículo de irradiación el agua, del mismo modo que el Cristo Interno en nuestro corazón toma como vehículo de irradiación la sangre que circula a través de nuestro cuerpo físico. El Nilo es la arteria que conduce la sangre y vida de Egipto surcándolo de principio a fin, haciendo el terreno fértil y propicio para todos los seres que habitan bajo su protección. Estaba claro, su mismo nombre lo decía, Philae quiere decir «Amar». Además, los antiguos egipcios creían que la milagrosa inundación del Nilo comenzaba aquí. El potente pensamiento de «¡Gracias, Amada Madre Isis!» salía de mi mente a cada instante, a cada latir de mi corazón.

Podía imaginarme fácilmente las fastuosas ceremonias celebradas en este amplio espacio dedicadas a la fundadora y guardiana del Sacerdocio egipcio, la salvadora de Osiris y por consiguiente de todo doble-nacido o Iniciado.

 

 


 

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Música de fondo: "El Templo de la Verdad de Pallas Atenea"del CD "MÚSICA SAGRADA para una Nueva Era"
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